Hace ya algunos meses apareció la figura de Yoann Lemoine, un productor musical y audiovisual que últimamente se había encargado de los videoclips de gente como Mystery Jets o Lana del Rey. Lo cierto es que en su día causo gran asombro con temas como ‘Run, Boy, Run’ debido a ese sonido épico basado en una potente percusión.
Poco a poco nos fue presentando más temas como ‘Iron’ que incluían espectaculares arreglos de viento como si de una banda sonora se tratase. La prensa especializada por entonces ya se había fijado en Lemoine, augurándole un gran futuro como músico. La cosa no quedo ahí, sino que Lemoine se arropó de un gran número de músicos y salió de gira a presentar sus canciones, una gira que por cierto, lo llevó al BAM.
Ahora por fin ya podemos presumir de The Golden Age, el primer disco oficial de Woodkid. En él nos encontramos las pequeñas perlas que ya nos había soltado el francés, a mayores de un nuevo tipo de composiciones dotadas de gran sentimiento que desconocíamos que pudiese facturar Lemoine. Cuando hablamos de estos temas sorpresivos nos referimos a cortes como ‘Boat Song’, ‘The Shore' o 'Where I live'. En todas ellas destaca la amable melodía del piano combinada con instrumentos de viento que encajan a la perfección con la voz de Yoann. Melodías reposadas, llenas de añoranza y vivencias personales que en algún momento alcanzan un clímax épico al igual que el resto de temas del disco. En ciertas ocasiones, las cuerdas también toman el protagonismo haciendo que el oyente disfrute aún más de la música, del mismo modo que los coros, como el del tema final ‘The Other Side’, crean un ambiente solemne capaz de meterte en la situación del tema.
Otro tema del que no hemos hablado es de la capacidad vocal de Lemoine. Su voz grave nos puede recordar en algún que otro momento a la del gran Anthony Hegarty prescindiendo de florituras. La combinación del timbre de Yann y los sonidos ambientales creados por los vientos crean esa combinación musical perfecta que únicamente alcanzan muy pocos (se me ocurre ahora algo parecido con Andrew Bird).
Merece la pena escuchar con detenimiento The Golden Age, sobre todo en un momento que tengas de calma. Las canciones en las que aparece la percusión más tribal seguramente te levanten el ánimo al mismo tiempo que los temas más reposados te hagan pensar en algún tiempo pasado. Para nuestro protagonista, el propósito de su música es hacer que los oyentes se sientan igual que héroes.
La banda sueca liderada por Adam Olenius regresa con su cuarto trabajo titulado Optica, manteniendo su buen nivel de composiciones pop. Y es que uno de los principales logros de la banda ha sido mantener la esencia de la música pop escandinava junto a otros artistas como Peter Bjorn and John o Club 8.
Si en su tercer trabajo, Work, la banda optó por un sonido más íntimo y reposado, en Optica nos encontramos temas muy coloridos y vitalistas, recuperando en cierta medida la inocencia de su música. Desde el primer corte titulado Sugar, podemos intuirlo. Los motivos de guitarra que acompañan a la canción aportan un ritmo ligero, definiendo una melodía muy disfrutable.
El segundo corte que lleva por título Illusions es claramente el gran hit del disco. Con la voz de la componente femenina Bebban Stenborg, nos adentramos en un estribillo demoledor de esos que levantan pasiones en los festivales. En el siguiente tema Blue Ice, las pulsaciones bajan, acercándonos más a su anterior trabajo.
Shout out Louds no nos tienen muy acostumbrados a los sonidos de pista de baile, sin embargo 14th es una excepción, ya que sin perder de vista su estilo, incorporan bases electrónicas. A pesar de ello, aciertan de lleno logrando una buena combinación.
Otros cortes como Burn, continúan por un camino más habitual para la banda. Este tema merece la pena destacarlo por la inclusión de alguna que otra flauta que crea una estrofa propia de los Belle & Sebastian más optimistas.En la parte cercana al final nos encontramos con algún que otro experimento como Glasgow y composiciones con matices electrónicos y oscuros como Hermilia que resultan satisfactorios.
Shout out Louds seguramente hayan elaborado uno de sus mejores trabajos de su carrera. Su fórmula principal quizás sea la constancia y el no renunciar a su estilo de pop sereno que tan bien les ha funcionado. Tienen lo que hay que tener para componer canciones.
Parece que la vuelta de Daft Punk en este 2013 va cogiendo forma. El mítico grupo francés nos muestra una nueva imagen en su web oficial, confirmando que firmarán con Columbia.
La nueva imagen consiste en dos mitades de cascos distintos, juntadas para que formen uno solo. Por lo visto, el tráfico de la web al subir dicha imagen se disparó, lo que nos da una idea de cuánto esperan los fans la vuelta del dúo francés. Se supone que el grupo estrenará nuevos temas en 2013, y más si hacemos caso de Nile Rogers, quien sugiere que será en primavera. Este nuevo álbum se convertiría en el cuarto del grupo.
En un post titulado "2013 no será aburrido", Rogers escribió en su blog personal los planes que tenían para visitar Japín el próximo año: "La próxima vez que pise Japón, mi colaboración con Daft Punk habrá empezado a sonar en los tímpanos de la gente, así como una serie de canciones en las que estoy trabajando durante estos meses con una selección de grupos de artistas".
La banda sueca liderada por Adam Olenius regresa con su cuarto trabajo titulado Optica, manteniendo su buen nivel de composiciones pop. Y es que uno de los principales logros de la banda ha sido mantener la esencia de la música pop escandinava junto a otros artistas como Peter Bjorn and John o Club 8.
Si en su tercer trabajo, Work, la banda optó por un sonido más íntimo y reposado, en Optica nos encontramos temas muy coloridos y vitalistas, recuperando en cierta medida la inocencia de su música. Desde el primer corte titulado Sugar, podemos intuirlo. Los motivos de guitarra que acompañan a la canción aportan un ritmo ligero, definiendo una melodía muy disfrutable.
El segundo corte que lleva por título Illusions es claramente el gran hit del disco. Con la voz de la componente femenina Bebban Stenborg, nos adentramos en un estribillo demoledor de esos que levantan pasiones en los festivales. En el siguiente tema Blue Ice, las pulsaciones bajan, acercándonos más a su anterior trabajo.
Shout out Louds no nos tienen muy acostumbrados a los sonidos de pista de baile, sin embargo 14th es una excepción, ya que sin perder de vista su estilo, incorporan bases electrónicas. A pesar de ello, aciertan de lleno logrando una buena combinación.
Otros cortes como Burn, continúan por un camino más habitual para la banda. Este tema merece la pena destacarlo por la inclusión de alguna que otra flauta que crea una estrofa propia de los Belle & Sebastian más optimistas.En la parte cercana al final nos encontramos con algún que otro experimento como Glasgow y composiciones con matices electrónicos y oscuros como Hermilia que resultan satisfactorios.
Shout out Louds seguramente hayan elaborado uno de sus mejores trabajos de su carrera. Su fórmula principal quizás sea la constancia y el no renunciar a su estilo de pop sereno que tan bien les ha funcionado. Tienen lo que hay que tener para componer canciones.
Quique González regresa con nuevo trabajo tras un silencio de casi cuatro años. Si en su anterior entrega, Daiquiri Blues, se adentró definitivamente en un ámbito claro de cantautor de raíz americana, en este nuevo trabajo se reafirma como tal introduciendo letras más cercanas a la sociedad actual.
Desde la primera escucha del disco nos encontramos con un trabajo muy compacto, en el que ninguna canción desentona con el resto. El single de presentación Tenía que decírtelo se muestra como un tema con un mensaje de fondo propiciado por la situación general de desánimo. Y seguramente esta sea una de las principales señas de identidad del álbum.
La mayoría de los cortes del disco presentan guitarras de sonido americano propio de Nashville, lugar de grabación de los mismos. Este es el caso de La Fábrica o Parece mentira. Con su voz tan característica, Quique González es capaz de transportarnos a esas carreteras secundarias americanas, repletas de historias de amor como la que cuenta el tercer corte Dallas-Memphis.
A medida que nos adentramos en el disco, nos encontramos con unas letras que se vuelcan más en la vertiente personal como puede ser Me lo agradecerás. Mención especial merece el tema No encuentro a Samuel. Toda una composición dedicada a los recuerdos y la nostalgia, en la que la amistad juega un papel esencial. También destaca Los viejos campos, canción en la que Quique enlaza a la perfecciónel tema amoroso con una cierta historia derrotista. El disco se cierra con ¿Es tu amor en vano? una canción que suena a despedida e incluye una frase tan reveladora como estás dispuesta a jugártelo todo, ¿no será tu amor en vano?
Quique González hace tiempo que encontró su posición en el mundo de la música. Con este nuevo trabajo se sigue reafirmando como uno de los grandes cantautores de nuestros tiempos mostrándonos que no necesita una instrumentación y producción espectacular para crear canciones bonitas, que en el fondo es de lo que se trata.
Fuck it, dog, life’s a risk. Por si alguien se preguntaba qué demonios significa FIDLAR, ahí lo tiene. Un YOLO en versión mierder. Que el nombre del grupo sean las siglas de una frase tan ridícula no es casualidad. FIDLAR son el último grupo que ha pegado el pelotazo de esta ola de punk rock americano de skaters y surferos. Oh, los estereotipos. Al igual que tantos otros, FIDLAR son de Los Angeles, y todas sus canciones hablan de droga, alcohol, mujeres y punk. ¿Y para qué más? Fuck it, dog, life’s a risk. La que has liado, Nathan Williams.
Hay un exceso de grupos de garage punk en los últimos tiempos. No descubro nada nuevo si digo que esto de la música va por épocas, y que ahora, por lo que sea, el punk está de moda. Mencionaba a Nathan Williams no porque me parezca un referente, sino por la importancia de Wavves en el desarrollo del género en el mundo modernete, que ha abierto las puertas a muchos grupos jóvenes como los mismos FIDLAR, que ya fueron teloneros de Wavves. Por eso mismo, el mérito de FIDLAR para destacar entre tanto grupo es aún más grande. ¿Cómo lo hacen? Riéndose de la escena. De la escena, de ellos mismos y de lo que quieren. Qué más da, si están hasta las cejas.
“I drink cheap beer, so what? Fuck you” es la primera frase para el recuerdo que nos deja este disco. FIDLAR son esto. Gritos, power chords, baterías frenéticas y letras vergonzosas. No quieren ser tomados en serio, ni lo necesitan. Saben que nadie que escuche White On White va a fijarse en la letra, lo único que puedes hacer es mover el pie al ritmo de la canción mientras subes el volumen cuando llegan los solos de guitarra. Lo hacen tan bien que en Stoked and Brokey No Waves parece que Jay Reatard ha resucitado. Whore es otra de esas canciones que no pretenden ser tomadas en serio; seguramente escrita antes de una llamada telefónica embarazosa a una ex, tiene un toque más cercano al blues que funciona igual de bien.
No todas las secuencias básicas de power chords nos llevan al punk más primitivo. En FIDLAR también hay sitio para el pop, no hay más que verlo en la sesentera Max Can’t Surf. Quizá se hubiese agradecido alguna canción más de ese tipo, ya que estamos hablando de catorce temas más una pista escondida, para un total de 40 minutos, algo largo para un disco de este tipo. Zac Carper y Elvis (sí) Kuehn se reparten el rol de cantante a lo largo del LP, asumiéndolo Kuehn en los cortes más blues.
No estaría mal ver a los californianos en otros registros, como hacen en la jangle-pop Gimmie Something. No hay duda de que no les disgusta salirse de lo habitual, hasta meten una guitarra acústica en una canción eminentemente punk como 5 to 9.
La clave del éxito del disco está en la esencia pop de cada canción. La gran mayoría tiene un gancho que nos hace querer escucharla otra vez, con estribillos enormemente adictivos como el de Max Can’t Surf o Blackout Scout. Sin embargo, temas como Wait For The Man estropean ligeramente el resultado final, sin ser una canción aburrida, no deja nada de lo que hablar. La canción final tenía que llamarse, cómo no, Cocaine, y resume un poco lo que es este disco: guitarras, excesos y ganas de pasarlo bien.
Adam Green, el ex de The Moldy Peaches y Binki Shapiro, la voz femenina de Little Joy unen fuerzas para crear un disco de bella factura que nos lleva a los dúos clásicos de pareja como fue el caso de Gainsbourg y Birkin. A pesar de beber del pop de los años 60 y el folk americano, Adam y Binki nos demuestran que son una pareja musical moderna de enorme talento.
En las canciones que aparecen en el álbum predomina la temática amorosa, con todo lo que ello entraña (algunas son para bien y otra para mal). La voz grave de Adam Green crea un bonito contraste con la de Binki, por lo que podemos decir que la apuesta es más que acertada.
La mayoría de las canciones tienen una melodía ligera, destinada a ser escuchada en un día de primavera. La instrumentación no es muy abundante, dejando todo el protagonismo a Binki Shapiro que se desenvuelve a la perfección en temas nostálgicos como If you want me to u otros en los que actúa a dúo con Adam como por ejemplo Pleasantries.
El toque clásico y melancólico está presente en todo el disco. Canciones como Don’t Ask for More o la ya mencionada If you want me to están destinadas a acompañar al oyente en momentos en los que los recuerdos invaden la mente. Este lado del álbum seguramente sea el que lo hace tan especial.
La influencia de Adam Green también tiene su peso en la grabación , ya que ha canciones como Just To Make me Feel Good o Pity Love tienen ese toque de música de cabaret francés tan característico de sus trabajos en solitario. Por lo general, las composiciones se mueven muy bien entre un lado luminoso y otro que incita a poner la vista en el pasado.
Adam Green y Binki Shapiro han logrado uno de los discos de la temporada. El experimento ha salido a la perfección, logrando un disco que recoge lo mejor de sus influencias clásicas combinadas con los elementos de sus carreras por separado. Esperemos que no se cansen pronto y sigan deleitándonos con canciones tan agradables como las de este primer trabajo.
Kevin Shields es un genio. Y como otros genios, también es extremedamente perfeccionista. Han pasado 22 años desde la salida de Loveless, el último LP de My Bloody Valentine, que marcó un antes y un después en la historia de la música. 22 años de falsas esperanzas, rumores, reediciones de discos y gira de reunión. En todo ese tiempo, Shields descartó hasta 60 horas de material grabado para un nuevo disco de My Bloody Valentine. Incluso llegó a jurar en 1996 que se moriría si no sacaba un disco ese año.
Precisamente, debemos remontarnos a 1996 para entender este disco. Las canciones de m b vformaban parte de las grabaciones fallidas de My Bloody Valentine para el que sería el sucesor de Loveless. El grupo se separó en 1997 y no se volvió a saber nada de aquellas canciones. Diez años después, al mismo tiempo que se anunció que el grupo regresaba, Shields decidió retomar esas grabaciones con la ayuda de su hermano. A finales de 2012 anunció que este disco vería la luz ese mismo año. Hemos tenido que esperar algo más de lo previsto, pero, por fin, m b vestá aquí.
m b v es el Smile de My Bloody Valentine. Smile iba a ser el sucesor de Pet Sounds, disco que-al igual que Loveless-cambió la manera de entender la música. La obsesión de Brian Wilson por hacer el disco de pop perfecto le llevó a la locura y a la depresión, le bloqueó artísticamente, exactamente como a Kevin Shields, cuya aportación musical desde Loveless ha sido bastante escasa. Brian Wilson y Kevin Shields son -de diferentes maneras-parte de la historia de la música. Inimitables e inigualables, pero la presión pudo con ellos.
¿Qué ha cambiado para que Shields haya querido que escuchásemos este álbum? Para empezar, ha estado trabajando en él durante los últimos cinco años, puliendo cada detalle, asegurándose de que conseguía el sonido que quería. Él mismo ha admitido que aún no ha podido imitar al 100% los sonidos que oye en su cabeza. Con frases como esta no se hace tan difícil entender su perfeccionismo patológico. ¿Qué clase de genio no está loco?
El disco no supone un giro radical a lo planteado en su predecesor. En She Found Now los susurros de Shields se mezclan con las innumerables capas de guitarras distorsionadas, formando un muro de sonido en el que cada línea de guitarra merece atención propia, creando un ruido denso y suave al mismo tiempo. Only Tomorrow es sencillamente inmejorable, pegadiza, directa y agresiva, con unos tremendos cambios de acordes y de compás,la voz de Bilinda se solapa al feedback de las guitarras durante 6 minutos. Who Sees You podría ser considerada la continuación de Only Tomorrow, pese a que la percusión adquiere más protagonismo -el comienzo es un claro guiño a Only Shallow- la “lucha” entre la melodía vocal suave y el ruido de las guitarras se mantiene.
If This And Yes es el ejemplo perfecto de los My Bloody Valentine más atmosféricos y minimalistas, el teclado acompañado de percusión mínima y los susurros indescifrables de Bilinda nos llevan a una dimensión distinta a la del resto del disco, que pega un cambio de dirección importante. En If I Am y New Youestá la cara más pop de la banda, lo que tantísimos grupos han intentado imitar y no han podido. El dream-pop era esto. En la primera la guitarra tiene más presencia con el uso del wah wah, mientras que en New You el bajo y el teclado toman el protagonismo, pasando Shields a un segundo plano, con esa guitarra a lo How Soon Is Now que nos deja clara una de sus principales influencias en el instrumento. A pesar de todo, My Bloody Valentine nunca dejaron de ser un grupo pop. Ruidosos, raros, especiales, pero pop.
Las tres últimas canciones suponen un nuevo cambio. La palabra “agresiva” define perfectamente a In Another Way, cinco minutos y medio de golpes frenéticos a la batería (se nota que Butcher y Shields han trabajado con Primal Scream) y guitarras violentas que acaban de golpe. Si no subes el volumen cuando suena esta canción, tienes un problema. La instrumental Nothing Is, similar a You Made Me Realise, continúa esta tercera parte con una estampida rítmica y una guitarra sucia y repetitiva, creando una tensión que vuelve a finalizar de manera brusca. Wonder 2 cierra el disco de manera brillante: ruido, ruido y más ruido. La batería –que vuelve a recordar a Primal Scream–se junta con los loops de guitarra, formando un muro caótico en el que escuchamos –literalmente- hasta el sonido de un avión. Cuando el disco acaba se suelen pasar dos pensamientos por la cabeza: “este tío es un puto genio” y “tengo que escucharlo otra vez”.
No hay cliché mayor que el “este disco gana con cada escucha”. Sin embargo, me veo obligado a decirlo con m b v. Cada una de las tres partes (la densa, la pop y la de la mala hostia) está pensada para que se vayan descubriendo cosas nuevas a medida que se va escuchando el disco. Estas tres partes, aun teniendo diferencias obvias en cuanto a sonido, están bastante cohesionadas dentro del conjunto. No son tres EPs en uno, es un solo disco que nos va llevando de la mano o a empujones de un sitio a otro.
Es muy pronto para saber cuál será la importancia de este LP en generaciones posteriores, pero parece claro que ni siquiera se acercará a lo que significó Loveless. De todas formas, My Bloody Valentine han vuelto, han enseñado lo que pueden hacer y han dejado en pañales a muchos de los grupos que los tienen como referencia. Si este es el camino que van a tomar, esperamos que sigan en activo durante mucho tiempo. Kevin Shields, lo has conseguido, no vuelvas a desaparecer.
Mikal Cronin es ese chaval de pelo largo que toca el bajo en todos los directos de Ty Segall. A parte de editar con el citado Ty Segall el LP Reverse Shark Attack, en 2011 se lanzó a la aventura en solitario sacando al mercado un gran disco homónimo.
Es este su primer trabajo Mikal recoge lo mejor de su experiencia garagera y las raíces del folk-rock americano creando canciones enérgicas de melodías que se quedan en la cabeza. Muestra de ello es Get Along, un tema que seguramente lo hubiesen firmado los mismísimos Beatles.
En el disco encontramos canciones muy variadas. El tema inicial Is it alright se muestra como un tema directo, con un ritmo de batería incesante que acerca un final desenfrenado en el que incluso aparece el sonido de una flauta. Este corte inicial es buena muestra del carrusel de sonidos que aparecen en el álbum.
En general, los temas destacan por sus grandes melodía y estribillos de corte rockero. Canciones como Again and Again o Situation se pegan desde la primera escucha. Como si se tratase de un viaje en carretera con amigos, estos temas aportan optimismo y buenas vibraciones.
Mikal tampoco se olvida de su papel habitual como bajista de Ty Segall. Muestra de ello es Green & Blue, el corte más punk y garagero del álbum. Un aluvión de guitarras y distorsiones que aumenta su intensidad en momentos puntuales. Sin lugar a dudas uno de los grandes temas del álbum en el que el volumen sube hasta límites insospechados.
El final del álbum se vuelve más reposado, sin perder de vista el gusto por el buen folk rock americano. Canciones de este estilo son Hold on Me y el track final The Way Things Go. Los cortes finales suenan perfectos como despedida con final feliz.
Desmarcándose de la sombra de músico de acompañamiento, Mikal Cronin acapara con su disco en solitario todos los focos, mostrándonos todo lo que lleva en su interior. Composiciones con gancho llenas de rock, garage, punk y un sinfín de estilos aparecen en su debut. Esperemos que empiece a mostrar al mundo de manera más asidua todo lo que es capaz de crear.